domingo, 6 de noviembre de 2016

Ganador de concurso de Microrrelatos



Patricio Peralta R, Ganador de concurso de Microrrelatos de la revista Guka, 2016

El diploma ( el "." está demás)

El relato se titula Jonbar Mundis.
En el listado de la revista, pusieron Jonbar Mudis (lo puse mal yo en el subject del correo)

Con el escritor Luis Mey, entegando premios

También pusieron Patricio Peralta Ramos, en el acerca de, explico sobre eso
Con Alicia Digón, directora de la revista

viernes, 21 de octubre de 2016

Borges, el sarcástico




Lo oral y lo escrito

El Borges oral es tartamudo, imperfecto. En cambio, el Borges escrito es muy palabrero.

La Soledad


La tarea del escritor es solitaria. Pero me di cuenta que fui leído. Entonces uno se hace de amigos invisibles. Y uno se da cuenta que lo quieren a uno. Son amigos míos, a pesar de haber leído mis libros.

La peleas

Uno por cortesía tendría que tratar de no tener razón en las discusiones.

La muerte

Estoy cansado de vivir. Querría que los astros me pararan. Pero antes quiero concluir varias cosas. Sobre todo, me gustaría conocer físicamente la China y la India.





Clases sociales

La clase media es la mejor. Es tan deplorable que en un país haya millonarios como que haya mendigos.

Lecturas

Prefiero las obras ajenas a las propias. Publicamos para no pasarnos la vida leyendo borradores.



La felicidad

Mi madre siempre estuvo preocupada por mi felicidad. Yo nunca fui feliz, siempre fingí serlo. Por eso pensé que la había defraudado.


Existencialismo

Fui traducido al japonés, al finlandés, al islandés. Yo no sé qué explicación tiene. Si es que hay alguna explicación en el mundo.


domingo, 19 de octubre de 2014

Nodo19 : imitaciones


Hisperhistorias pre-alfa, disponible en http://www.amazon.com/dp/B0113TBBRW

Esto se publico dos veces en el diario la razón.
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nodo19: <Imitaciones.beta>

El aceite negro sobre el cemento de los andenes proyectaba mapas desconocidos con veteados de colores brillantes sobre los ojos de los transeúntes. El aceite también manchaba durmientes, piedras y rieles. El olor resbaloso intentaba imponerse al del óxido de los techos de chapas y al del orín que se
Locomotora Baldwin
escapaba del baño de hombres.
El baño siempre ganaba.
Los rayos del mediodía lo habían empujado hasta la estación. Una parada más de las miles que había realizado en su derrotera vida.
Se sentó en el segundo asiento del último vagón. Estaba de espaldas a la máquina, junto al pasillo, frente a una mujer grande con perfume de tía y un solero a lunares pasado de moda.
Recordó los tiempos de los hombres que se desplazaban a caballo.
Las espadas, las lanzas, las falanges.
La ballesta.
La invención del estribo.
El olor peludo de su caballo, cuando a caballo buscaba, sin boletos ni guardas molestos por los inspectores molestos por los supervisores molestos por sus gordas mujeres molestas.
El olor viajero de su jinete, cuando el jinete conquistaba.
Las formas de vida bestiales le eran distantes ahora, cuando el hombre había pisoteado casi todos los rincones del planeta

El aglutinado crescendo de pasos anunciaba que se estaba haciendo un poco tarde. Los silbatos nerviosos resoplaban.
Ella subió corriendo; era disimuladamente pecosa y sus ojos eran de un dulce color miel.
Ocupó el primer asiento, también del lado del pasillo, pero de la hilera de enfrente. Traía un bolso grande y de él saco unas carpetas, unos libros y un montón de papeles arrugados en las puntas de tanto entrar y salir del bolso.
El tren empezaba la marcha, ruidoso y temblequeante.
Él tenía un Borges en la mano; sus ojos iban y venían al libro.
Ella revolvió sus cosas; más gente pasaba presurosa por el pasillo, interrumpiendo a instantes su visión.
OjosMiel sacó una carterita y una moneda impertinente se escapó y rodó hasta al medio del pasillo. Él no dudó un instante en soltar el Aleph.
Nunca lo había hecho en presencia de extraños, pero estaba excitado por la belleza de la chica. Solía sucederle cuando era humano por mucho tiempo, demasiado humano.
No se atrevió a escuchar su mente y por ello se arrepentiría el resto de sus días.
Los extremos de sus dedos se transformaron en un silbato.
Saltó hacia el pasillo, al tiempo que su ropa se transformaba en uniforme. Su cabellera en un gorro con desconocidas y antiquísimas insignias doradas.
La marcha de la gente se detenía al sonido del silbato. Recogió la moneda, la ocultó un momento con el dorso de su mano. Luego se acercó a ojosMiel y extendió sus dedos. En su palma había dos monedas; una de ellas con su rostro.
Ella dibujó una sonrisa con sus labios que borroneó al instante. No dijo gracias, guardó las monedas en su carterita y extrajo de ella un pañuelito. Luego bajó la vista hacia su bolso y continuó sacando y guardando cosas; meta y ponga.
Él se sentó y no se animó a hablarle en el corto viaje, tampoco quiso abusar de sus facultades extrayendo respuestas sin pregeuntas de su mente. Cuando bajó en Sobremonte, enojado como hombre, ella tenía un papel en la mano. Y con su cabeza gacha, casi adentro del gigantesco bolso, seguía buscando algo. Él no supo que era muda y que buscaba su mordido lápiz de poca punta. Lo encontró llegando a la estación La Desdicha.
Él siguió buscando en las estaciones infinitas, esforzándose desconsoladamente por oír aquella voz imposible.
Imita su cuerpo, pero no puede con sus ojos.
Han pasado muchos trenes y seguirán pasando.
Así:
KtrenKtren.

 El último de los Duclú, suceso contado por el imitador de OjosMiel

SIN NOTICIAS RELEVANTES (POR EL MOMENTO)
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miércoles, 17 de septiembre de 2014

Nodo80:

Una muestra, Hisperhistorias pre-alfa, preventa disponible en Amazon

Nodo80: <Paseo en tractor.beta>
Anda solo sin cigüeña
con la luna en el cajón

Las noches camperas no son tan quietas como los porteños piensan. Aún lejos de los caminos, los ruidos de los motores rompen la parsimonia de la llanura. Las revoluciones mecánicas contaminan la atmósfera con energías entrópicamente desechadas.
Y contaminan mucho más si esas revoluciones son vueltas de los motores de combustión.
La noche cálida y las estrellas claras acompañaban al hombre que realizaba su tarea sentado en una vieja máquina: un noble tractor despintado que había sido fabricado en la época de los objetos perdurables; Sin una pizca del confort habitual de las máquinas modernas y sin ninguna computadora, salvo la del receptor.


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La Estatua

OTRA CAÍDA DE LA INDUSTRIA DE HUEVOS SIN COLESTEROL
(NAN)Quizás se deba a su sabor amargo, pero los rioplatenses se resisten a consumir los huevos artificiales. La nueva generación de ovoides saborizados despertó intereses mínimos en..

CANAMÉRICA:ÉXITO TOTAL DE LA ÓPERA “SINGIN IN MAHUÉN”
(IPT) Brodway La ópera prima del compositor mapuche...

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jueves, 8 de mayo de 2014

La tarea

Un esbozo, Hisperhistorias pre-alfa, preventa disponible en Amazon

La tarea


No creas que estoy loco
Yo no escucho voces

Las veo

Por algo soy pintor


Taburete
Unos viejos papeles de diarios dormían sobre el polvoriento piso de cemento. Ráfagas de colados vientos los alzaban y cambiaban de lugar. Las noticias parecían despertar en el aire para luego continuar con su siesta letrada sobre el agrisado suelo.
Un gastado banco de herramientas sostenía clavos estáticos. Oscuras espigas con pintas naranjas que alguna vez abrazaron y sostuvieron instrumentos oxidados. El quemado calentador de alcohol apoyaba una de sus patas sobre una reciente prueba de pintura. El banco engordaba día a día con su dieta de colores y polvo y adelgazaba con las rasqueteadas ásperas.
El parlantito de la radio se saturaba con la millonésima emisión de la cumparsita.
Vimos la sombra deformada del viejo dar la última pincelada y sonreír.

Continúa en el eBook Hiperhistorias pre-alfa  preventa disponible en Amazon
 Patricio Peralta R



jueves, 15 de noviembre de 2012

Nodo01: El madero



Hisperhistorias pre-alfa, preventa disponible en Amazon


Nodo01:<El madero.beta>
¿Reconoces a tus amigos por sus huellas o por el sonido que las provoca?
¿O acaso por el olor que dejan?
Un falso yeti
Mis huellas son fáciles de reconocer, sólo las del Sashquash son de mayor tamaño.
No sé si tienen mucho olor, yo no lo siento, de mastín no tengo nada y a mis olores estoy acostumbrado, se supone.

Una noche, sentí unos ruidos que no parecían ser los que acostumbraban generar los fantasmas de mis ancestros. Con el tiempo uno aprende a conocer a sus familiares.1 Los míos, ánimas junta basura, la mayor parte del tiempo cabildean en el taller y no en la casa. Los fantasmas sólo asustan la primera vez. A todo te acostumbras y pocas cosas te asustan, salvo algunas, las que me persiguen.
Recién muerta la tarde, la noche se me presentaba con uno de esos climas que suelen acurrucarse inexplicablemente en tu cabeza. Y una vez que uno de ellos se instala, no quieres que te abandone nunca más. Quieres que esos instantes duren para siempre.
 El resto, en un eBook que quién sabe....
  
Espejo de Jacarandá

Calandria. Mimus saturninus


EL DESBORDE DEL RÍO HUNO
(ALKWT)Las torrenciales lluvias que azotan el litoral salado provocaron...



NO HAY FONDOS PARA VIAJAR A LA LUNA
(EAPEPE) La Napia no tienes fondos para investigar por qué falló el Apolo 11. El martes por la tarde, se debatió en el   Congreso Canaméricano la..



1 (1.1) Aquellos a los que no conocí, excepto por anécdotas sepias y repetidas fotografías, a veces, historias confundidas con cercanos, con gentes de otras estirpes simbióticas con la Duclú, la nuestra.   Ellas, irán apareciendo paulatinamente en este intento del decir, de lo que aún no sé si soy verdad, o de la propia interacción de mis ideas. Dicen que en Cacurá, todos somos parientes de algunos ...(borroneado en el original) ... todos.

Patricio Peralta R
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viernes, 24 de agosto de 2012

Nodo 83 :



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Nodo83: <Elbar.beta>



La última esquina conocida había sido una intersección con la calle presidente Yoklende. Después, las señales comenzaron a desaparecer o a borronearse como los amores hijos de la modernidad. Su personalidad lo había acercado a decenas de rostros bellos como sus ojos azules. Aquellas mujeres exquisitas habían sido caretas que en algún momento cayeron por los avatares de una inteligencia que no podía sostenerlas. Parecía estar frente a alguno aquellos rostros.


coyuyo
El hombre desorientado buscaba alguna avenida conocida o algo que le indicase donde demonios estaba. Las calles sin carteles tenían nombres de políticos en lugar de colores, olores u obras de arte como las calles del Centro. Ubicarse entre medio de apellidos difíciles y desconocidos lo irritaba como los chillidos de los insectos que acompañaban su paso. Por suerte una anunciada tormenta los iba a apagar en algún momento. Tal vez la rivera vuelva a desbordarse como siempre lo hacía cuando llovía mucho. Otras alimañas vendrían entonces a devorarse a los insectos.....

 La continuación, en  Hisperhistorias pre-alfa, preventa disponible en Amazon